viernes, 19 de agosto de 2016

La última canción de papá



Recorríamos una solitaria carretera al norte de Esmeraldas, rodeada de colinas rojizas y cubiertas con plantaciones de banano, café y cacao. El cielo se iluminaba con los primeros rayos del sol de la mañana, brillando como sólo sucede en estas tierras equinocciales en las que nacimos, mientras el aire tibio ingresaba por la ventana del copiloto con ese olor a paz, campo y libertad.

Allí estaba sentado yo, escuchando precisamente esta canción con los audífonos puestos y sintiendo que recorría algún paraje de película, mientras papá conducía escuchando su propia música en el tocadiscos del auto, y el resto de la familia aún dormía plácidamente en el asiento trasero.

Ese verano fue el último viaje que hicimos con papá antes de que muriera hace ya nueve años. Las cosas no iban nada bien entre nosotros, siempre peleábamos, y esas vacaciones yo utilicé la música para evitar las conversaciones con él.

Por eso es tan curioso que justamente esta sea la canción que escuchaba aquella vez, y la que ahora me lo recuerda siempre: era la letra que la vida me puso delante en ese momento, y no supe comprender.